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Algunas frases al azar.Verás una distinta cada vez que entres:

sábado, 13 de febrero de 2010

De poetas y escritores,artistas y de barrios.

Luis Yanischevsky Lerer, conocido por su pseudónimo literario como Luis Luchi (Buenos Aires, Argentina; 11 de octubre de 1921 - Barcelona, España; 21 de octubre de 2000) fue un importante poeta argentino.

Luis Yanischevsky Lerer nació el 11 de octubre de 1921 en el barrio de Villa Crespo de Buenos Aires, Argentina, hijo de Gregorio Yanischevsky y Paulina Lerer, inmigrantes judíos ucranianos. Hacia 1926, su familia se muda a Parque Chas. En 1944, Luis Luchi se casa con Irene Lavalle, con quien tiene tres hijos. Militó activamente en el Partido Comunista, sin embargo, a través de los años habría de acercarse al anarquismo. Trabajó como obrero gráfico en editorial Atlántida y como vendedor viajante de libros, sin embargo, después decide dedicarse a la poesía, manteniéndose al margen de la cultura oficial. En la década de 1960 participa en el grupo "El Matadero", grupo de cuentistas cuyo nombre rendía homenaje al relato homónimo de Esteban Echeverría. El grupo se reunía en el café El Estaño, ubicado en las calles de Talcahuano y Corrientes, al que habían renombrado "El Gardelito" y estaba integrado por Guillermo Cantore, Blas Raúl Gallo, Nenina Caro, Mario Lesing, Arminda Ralesky y Lubranolas, entre otros, quienes se proponían publicar a jóvenes con sentido popular. Luis Luchi sólo habría de publicar su cuento El Brasilerito en 1961 en la antología Cuentistas argentinos contemporáneos editada por El Matadero. A finales de la década y principios de la siguiente, Luis Luchi forma el grupo "Gente de Buenos Aires", junto con el poeta Roberto Jorge Santoro, el actor Héctor Alterio, el músico Eduardo Rovira y el artista plástico Pedro Gaeta con el objeto de acercar la cultura al público presentándose en clubes de barrio, sociedades de fomento y escuelas. Luis Luchi, profundo admirador de César Vallejo y Vladimir Mayakovsky recurre a la ciudad, el barrio, el tango y las luchas sociales como temas de su obra, siempre marcada por el humor y la ironía. Luis Luchi muere el 21 de octubre de 2000 en Barcelona, España.
Obras

* Poesía
o El obelisco y otros poemas (1959)
o El ocio creador (1960)
o Poemas de las calles transversales (1964)
o La vida en serio (1964)
o Vida de poeta (1966)
o El muerto que habla (1970)
o Poemas cortos de genio (1970)
o Ave de paso (1973)
o Los rostros (1973)
o Poemas 1946-1955 (1976)
o La pasión sin Mateo (1976)
o ¡Gracias, Gutenberg! (1980)
o Resumen del futuro (1984)
o Antología poética (1986)
o Fuera del margen (1992)
o Mishiadura en las dos ciudades (1993)
o Jardín zoológico (1995)
o Contestarse a sí mismo en el canto (1997)
o Poemas y pinturas (1999)
o Amores y poemas en Parque Chas (2001)

* Discos
o Tango de música a lo lejos (1966), música e intérprete: Eduardo Rovira, ilustración de tapa: Pedro Gaeta
o Antología por mí (1969)
o A medio hacer todavía (1982), con Alberto Szpunberg y música de Jorge Sarraute.
o Todos se dan vuelta y miran (1999), con Susana Drangosch, Andrés Ehrenhaus, Jonio González, Alberto Szpunberg, y música de Jorge Sarraute.


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Algunas consideraciones sobre la poesía de Luis Luchi.

Contexto

Para ubicarnos en tiempo y espacio, digamos primero que Luis Yanischevsky, hijo de inmigrantes rusos, nació en Buenos Aires, en Villa Crespo, el 11 de octubre de 1921. A los cinco o seis años de edad se mudó con su familia a Parque Chas y ése fue su barrio.

En esos tiempos, Parque Chas era geográficamente un potrero con unas pocas casas dispersas y, étnicamente, un crisol de razas: rusos, polacos, italianos, españoles, turcos, alemanes y, por supuesto, criollos, compartían los mismos límites.

Luchi fue creciendo junto con el barrio, conviviendo con las
distintas lenguas y costumbres (poema "Che, turco"), quizás influido por su propia familia, militó activamente en el Partido Comunista y fue evolucionando hacia el anarquismo (les diré / tratando de no hacer mal a nadie / préstenme las obras de Kropotkin / que tengo ganas de leer).

Trabajó como obrero gráfico en editorial Atlántida, como vendedor viajante de libros para las editoriales Signo, del
PC, y Raigal, de la UCRI, hasta que se convenció de que el mundo del ocio era más gratificante y decididamente menos alienante que el del negocio y a partir de esa evidencia se dedicó de lleno a la poesía.

Tanto por elección como por convicción, se mantuvo siempre al margen de la cultura oficial. Esta "marginalidad" lo apartó de las academias, los claustros universitarios y los suplementos literarios de los principales diarios del país.

Lo acercó, en cambio, a grupos literarios más populares, que optaban por los cafés como punto de reunión y los clubes de barrio o entidades similares como lugares de acción. En los años '60 participó activamente en El Matadero, grupo de cuentistas cuyo nombre rendía homenaje al relato de Esteban Echeverría, considerado el primer cuento argentino.

El grupo se reunía en el café El Estaño, de Talcahuano y Corrientes, al que habían renombrado "El Gardelito" y estaba integrado por Guillermo Cantore, Blas Raúl Gallo, Nenina Caro, Mario Lesing, Arminda Ralesky y Lubranolas, entre otros.

El Matadero se proponía publicar a jóvenes que escribieran con sentido popular y, para tal fin, crear una editorial con selección oral y pública de cuentos. Nuevo Teatro les prestó varias veces la sala donde integrantes del grupo leían sus relatos y el público, convertido en una especie de asamblea,
definía la publicación con su aprobación o su rechazo.

"El brasilerito", único cuento publicado por Luchi, apareció en la antología Cuentistas argentinos contemporáneos, editada por El Matadero en 1961.

Entre paréntesis: como un saludo a sus compañeros narradores, los libros Resumen del futuro y Mishiadura en las dos ciudades , publicados en Barcelona en 1984 y 1993, respectivamente, fueron editados por Ediciones del Escorxador, palabra ésta que en catalán significa "matadero", aunque el homenaje se limitó sólo al nombre, ya que el espíritu de participación y polémica se había perdido.

Volviendo a los '60, merecen por lo menos ser mencionados los interminables asados en la casa de Enrique Wernicke, en Olivos, donde se juntaban poetas y escritores, generalmente los sábados y hasta bien entrado el domingo, para hacer honor a la literatura y el vino.

A fines de los '60 y en los 70, junto con el poeta Roberto Santoro, el músico Eduardo Rovira y el artista plástico Pedro Gaeta, formó el grupo Gente de Buenos Aires.

Además de una gran amistad, compartían el sentido social
y la necesidad de realizar actividades culturales como parte de la revolución que llevaban adelante.

Buscando la mayor participación posible y con la idea de integrar a los artistas con el público y a las artes entre sí, Gente de Buenos Aires decidió que los clubes de barrio, las sociedades de fomento y las escuelas eran los escenarios ideales para desarrollar su propuesta.

El grupo realizó también una actividad editorial intensa y, gracias a ella, la voz de Luchi quedó registrada en el disco simple Tango de música a lo lejos y su letra impresa en los libros Los rostros, Poemas (1946-1955) y La pasión sin Mateo.

Por otra parte, en varios de los libros de Luchi, participan
artistas plásticos: El ocio creador está ilustrado por Miguel
Dávila; La vida en serio y Los rostros, por Pedro Gaeta; Mishiadura en las dos ciudades por argentinos y catalanes:
Joan Alonso, Raúl Capitani, Héctor Cattolica, Roberto Duarte, Pedro Gaeta, René Langlois, Marie Ange Margall, Miguel Ratto "Kinoto", Luis Suvervil y Carlos Terribili; Contestarse a sí mismo en el canto, por Oscar Grillo; Poemas y Pinturas por Miguel Ratto "Kinoto".

Para seguir en esta línea de participación e integración, en Amores y poemas en Parque Chas colaboran tres plásticos, los tres de Parque Chas -por nacimiento o por adopción-: Pedro Gaeta, Hugo Griffoi y Juan Carlos Ferrero.

Precisiones más, precisiones menos, hay que ubicarlo en
la vertiente políticamente más comprometida de la
generación poética del '60.

Más allá del partido o facción donde cada uno estuviera o militara, todos creían, Luchi el primero, en la revolución social. y si bien él era mayor que los muchachos de dicha generación, empieza a publicar en aquellos años. Hay, por otra parte, temas comunes: la ciudad, el barrio, el tango, las luchas sociales, la admiración por César Vallejo y Vladimir Maiacovski. El estilo coloquial es otra característica compartida.

Texto

Decir que el estilo de Luchi es coloquial es decir muy poco si no se hacen algunas salvedades. Es coloquial el estilo de Humberto Costantini, de Roberto Santoro, de Roberto Juarroz y de María Elena Walsh, para poner ejemplos de un lado y del otro. Es en el uso que hace del lenguaje donde su voz se diferencia dentro de la corriente coloquial y donde se nota la búsqueda -y el logro- de un estilo propio.

El coloquialismo se advierte, por ejemplo, en el uso del voseo, el imperativo y una sintaxis a veces descuidada. Pero hay muchos otros componentes que distinguen la voz de Luchi como personal y única.

Voz que, por otra parte, adopta distintos tonos: el tono admonitorio de "Instrucciones para el hospital Tornú", contrasta con el nostálgico de "Lugar donde se nació" o "Final de la casa" y/o con el jocoso de "Cerrado por duelo".

Los paralelismos, enumeraciones y acumulaciones abundan en su poesía. El divertido poema "Tercero en discordia", del libro La pasión sin Mateo (1976) es un in crescendo de insultos que terminan incluyendo al lector como árbitro.

En "Festejando el triunfo", de Resumen del futuro (1984), asume la voz colectiva al acumular frases hechas tomadas del acervo popular. Otro tanto ocurre en "El espiante (en gran forma)", de Vida de poeta (1966), aunque aquí la irónica enumeración de clisés termina con un sentencioso los grandes destinos / esperarán un poco más.

Su discurso poético se nutre de clisés, jergas, expresiones
populares y voces lunfardas. Luchi ha escrito algunos poemas lunfardos ("El cana Manopla"), pero además palabras lunfardas aparecen con frecuencia y naturalidad en sus versos.

Esto es un ingrediente de su coloquialismo pero además de la porteñidad que tiñe toda su poesía. Desde su primer libro, El obelisco y otros poemas ( 1959), se perfila como un poeta ciudadano, especialmente de la ciudad de Buenos Aires. La ciudad está presente como espacio fisico y también como espacio lingüístico. Luchi escribe -esto es obvio- en español "porteño".

El uso del voseo, el lunfardo, el mundo referencial de las comparaciones, el sentido del humor -muchas veces irónico y hasta sarcástico-, las sutilezas y, sobre todo, el modo de decir, remiten al español que hablamos en Buenos Aires.

Otro elemento destacable y que apunta en esta dirección es la intertextualidad: sus versos se cruzan a menudo con citas de letras de tango (disminuyendo víctimas de helicópteros / masacres, soledades, lunas / y más allá la inundación) o de algún otro poeta.

Pero también el cruce se produce con expresiones del habla popular, que se mezclan entre sus versos y funcionan como propias: la viuda es hija del barrio / su primogénita ligera de cascos arrepentida. Con los refranes ocurre lo mismo: "Canto de pescadores", de Ave de paso (1973), está armado sobre la descomposición y recomposición de refranes relacionados con el río y la pesca ("a río revuelto, ganancia de pescadores", "el pez por la boca muere, " cuando el río suena...", etc.).

El sentido del humor y la ironía de Luis Luchi merecen ser resaltados, tanto en su vida como en su obra. En "Cerrado por duelo" sintetiza una situación que parece extraída de un monólogo de Niní Marshall. Pero sus humoradas alcanzan el clímax con El muerto que habla (48 penúltimos poemas) - Poemas cortos de genio (1970), dos libros en uno, invertidos.

Hay un humor más sutil, entre líneas, como cuando dedica "Belgrano mi general" al historiador Grosso chico, aludiendo al rematador Gerónimo Grosso, encargado de la venta de los lotes de Parque Chas y al ilustrador Fortuny, algunas de cuyas obras ilustran el Curso de historia nacional del sí historiador Alfredo B. Grosso.

Lejos de ser original, ya que estas experimentaciones discursivas las hacían los surrealistas a principios del siglo XX, Luchi aprovecha el espacio para desplazamientos de texto ("Algunos preguntaban si era poeta. . . " o "Todo a veinte, años después"), mezcla palabras con símbolos matemáticos y hasta incluye un pentagrama, como en " Háblenos de su pasado" , del libro Fuera del margen ( 1992) .

Pero el surrealismo se filtra por otro lado, como cuando en "Algunos preguntaban si era poeta. . . " de repente dice Levantaban la tapa del piano / y me dejaban pasar .

Luis Luchi reivindica las cosas más simples para la poesía: herramientas de trabajo o una gota de lluvia que cae sobre un paraguas pueden ser materia para sus poemas. En su poesía, sustantiva y directa, tienen cabida todos los temas, desde los más vulgares hasta los universales, como la amistad y el amor.

Hay poemas que son casi una instantánea de situaciones cotidianas ("Cerrado por duelo"), un cuadro de costumbres ("Belgrano mi general"; "Che, turco"). "Yo escribo para decir cosas que tienen que ver con un pensamiento y con una propuesta -dijo en una oportunidad-. No estoy con el artepurismo ni tengo nada que ver con la Torre de Marfil. Mi poesía se dirige al hombre. En este mundo poético donde todo, absolutamente todo, puede ser materia del poema, el
centro es el hombre y sus dichas y desdichas cotidianas".

Una de las maneras de captar los sufrimientos y alegrías
del hombre es mediante sus propias experiencias: el poeta
viaja, camina, recorre la ciudad, observa situaciones desde
la ventanilla del tren y después poetiza lo vivido.

Este motivo del homo viator, otra constante en la poesía de Luchi, puede verse en "Maneras de empezar una conversación", pero está más claramente expresado en "Caminando despacio", de El ocio creador (1960), por citar sólo dos ejemplos.

Son también producto de su poder de observación y de
su permeabilidad a todo lo humano, poemas como "Los
apellidos y las profesiones", de El obelisco y otros poemas, o "Los nombres y el amor", de Poemas cortos de genio (1970), estructurados sobre la sucesión onomástica y destacables por su humor e ironía.

Podemos citar asimismo "Admiración por los próceres", de ¡Gracias, Gutenberg! (1980), donde la acumulación de nombres de calles, cada una con la reflexión o comentario que desata en el poeta, muestra que la ironía como rasgo de estilo es una de las formas de su espíritu contestatario.

En éste, su último libro, Luis Luchi vuelve al barrio. Es exagerado hablar del "periplo del héroe" pero hay, sí, un círculo que se cierra. El tono de Amores y poemas en Parque Chas. está mucho más emparentado con el de El obelisco y otros poemas que con el de Jardín zoológico (1995) o Poemas y Pinturas ( 1999) .

El barrio está plasmado en escenas ("Cerrado por duelo", "Relaciones de la familia Chas con mi familia y la de los vecinos", "Che, turco", "Once pepinos fóbal club") o en pormenores como los nombres de las calles o la inundación que las lluvias producen en la calle Pampa.

No hay, nunca las hubo, descripciones de Parque Chas, quizá porque importan más la escena y los actores que el escenario.

A lo mejor también por este motivo, en algunos poemas escritos en España, Buenos Aires y Barcelona se encuentran en pequeños detalles (el nombre de una calle, una línea de colectivo, un parque...). Por último, el Parque Chas de Luchi es el de su niñez y adolescencia, el del recuerdo. ¿Paraíso perdido? Su manera de afirmar de aquí soy, aquí me quedo.
El señor Chas y el señor Grosso Pedro Gaeta

El poeta en Parque Chas
Pedro Gaeta


Relaciones de la Familia Chas con mi familia y la de los vecinos. Luis Luchi

Me gustaría empezar por ellos
para que no me duela tanto
por haber sido niño de acción
con los materiales del río de la luna,
de las obras en construcción
y los días calurosos en que se vivía
y no se dejaba vivir.
Hijos dilectos de la calle
consagrados a crecer
con los cuatro elementos
y la escarcha que congelaba el barro.
Allí se clavaron banderas invencibles
hacia todos los sentidos del paraíso
cambiando los trapos por zapatos
en los Incas y Triunvirato
para que Ramón el portero
nos dejara entrar en la escuela.
El Pampero que apagaba las mechas,
alumbrados a kerosén.
El agua que llovía de arriba
y de abajo cuando Pampa
nuestro río navegable
inundando los pozos ciegos
y los mates se tomaban con agua hervida.
El fuego rimaba con carbón,
los que después fueron árboles
crecían a la par de nuestra estatura,
dejándonos abajo,
reforzados con alambre
se convertían en cercos
para que cada familia
tuviera sus peleas privadas.
Bosque de cardos, abrojitos,
yuyos altos estimulando zoologías inclasificables,
cortina protectora de miradas curiosas
de su función de servicios y violaciones.
Cuánta, Dios, cuánta pureza, dios, cuánta.
Y cómo llegar grandes
apoyados en ladrillos de canto
señores Grosso Toscanos Avanti La Estrella
que en vez de convertirnos
en su mano de obra barata
nos tomábamos el tranvía siete
y volvíamos a veces de visita
y agitados y tarde
a los velorios de los abuelitos.


Obra publicada

Luis Luchi publicó en la Argentina trece libros: El obelisco y otros poemas (Buenos Aires, Signo Publicaciones, 1959), El ocio creador (Buenos Aires, Ediciones Stilcograf, 1960), Poemas de las calles transversales (Buenos Aires, Editorial Salamanca, 1964), La vida en serio (Buenos Aires, Editorial Stilcograf, 1964), Vida de poeta (Buenos Aires, A.Burnichon Editor, 1966), El muerto que habla (48 penúltimos poemas) -poemas cortos de genio (Buenos Aires, Ediciones Buenos Aires Leyendo, 1970), Ave de paso (Buenos Aires, Ediciones Noé, 1973), Los rostros (Buenos Aires, Ediciones Gente de Buenos Aires, 1973), Poemas 1946-1955 (Buenos Aires, Editorial Papeles de Buenos Aires, 1976), La pasión sin Mateo (Buenos Aires, Ediciones Gente de Buenos Aires, 1976), Antología poética (Rosario, Santa Fe, Editorial Fundación Ross, 1986), Fuera del margen (Buenos Aires, Utopías del Sur, Cuadernos de Poesía Labio partido, 1992), Jardín Zoológico (Buenos Aires, Ediciones Último Reino, 1995).Y dos discos: Tango de música a lo lejos (Simple. Ediciones Gente de Buenos Aires, 1966. Poemas y voz: Luis Luchi. Música e intérprete: Eduardo Rovira. 1lustración de tapa: Pedro Gaeta) y Antología por mí (Larga duración. Poemas y voz: Luis Luchi. Producción y realización: Buenos Aires Oyendo, 1969).

En España:

¡Gracias, Gutenberg! (Barcelona, La lira argentina, 1980. Edición auspiciada por la Casa Argentina en Cataluña), Resumen del futuro (Barcelona, Ediciones del Escorxador, 1984), Mishiadura en las dos ciudades (Barcelona, Ediciones del Escorxador, 1993) , Contestarse a sí mismo en el canto (Barcelona, Ediciones Bajo El Poncho1997), Poemas y pinturas (Poemas de Luis Luchi y pinturas de Miguel Ratto "Kinoto".

Barcelona, Save As, 1999). Disco / Cassette: A medio hacer todavía (Larga duración. Jorge Sarraute, Alberto Szpunberg, Luis Luchi. 1982). Compact Disc : Todos se dan vuelta y miran. Poetas argentinos en BCN. (Barcelona, 1999. Poemas y voces: Susana Drangosch, Andrés Ehrenhaus, Jonio González, Luis Luchi, Alberto Szpunberg. Música: Jorge Sarraute. Poemas musicalizados interpretados por el grupo Vox Populi).



AMORES Y POEMAS EN PARQUE CHAS



LA REPUBLICA DE LUIS LUCHI

Te espero en Ávalos y Berlín...


(Nota: qué irónico jaja...prueben...hay dos esquinas de estas calles!!!)


Teníamos varias cosas en común. Nos gustaba juntarnos a charlar hasta altas horas de la madrugada: la noche, en Buenos Aires y en Barcelona, es más apta para que fluyan los pequeños y grandes temas. Leíamos hasta el hartazgo (él mucho más que todos nosotros).

La literatura -sobre todo la poesía-, ocupaba un lugar importante en nuestro temario. Lo que más me interesaba escuchar, sin embargo, era el enorme anecdotario que rodeaba cada poema, cada edición, cada nombre. Para todo y para todos había un contexto, una referencia. Y era entonces como revisar la historia, la universal y la cotidiana, la oficial y la secreta. Paseábamos por el mundo sin movernos de esa mesa de café, sin salir del comedor de su casa o de la mía.

Por las rendijas de la interminable conversación se filtraban sus análisis políticos, su visión de las cosas. Nunca lo escuché hablar mal de nadie, quizá porque su infinita bondad le permitía comprenderlo todo y si la cosa se prestaba para una opinión adversa, su ironía la disimulaba.

Me acuerdo del día en que le mostramos una foto de Paco Urondo en Cuba, alIado de un retrato de José Martí. "Ah, sí. A ellos les gustaba sacarse esas fotos importantes", fue el único comentario.

Había nacido en Buenos Aires el 11 de octubre de 1921 pero se mantuvo siempre más joven que todos y por eso nos acercábamos a pedir opinión o consejo o simplemente a buscar sus oídos atentos y su palabra amiga. Era un sabio. Su sabiduría radicaba más que en los conocimientos que le habían dado sus lecturas y experiencias de vida, en su sencillez y humildad sin límites.

Enemigo de los homenajes y las fajas de honor, nunca conocí a nadie tan sinceramente desinteresado por los premios, tan ajeno al lobby. Habíamos crecido enel mismo barrio y esa denominación de origen nos hacía indestructibles. Parque Chas no tenía secretos para nosotros y mucho menos para ellos, una buena barra, que había pasado de las calles de tierra al asfalto casi sin darse cuenta. Ir de Cádiz y Victorica a Bauness y Bauness era sólo caminar cien metros.

En otro barrio hubiera sido una línea recta, pero en el nuestro es todo curvo y ondulante, como las caderas de las musas de Pedro Gaeta. Esa distancia tan corta se transformaba en un "viaje" en sentido griego, un camino de aprendizaje. En uno de mis viajes aprendí, Luchi me enseñó, que el trabajo debe ser remunerado; en otro, me llevé a Hemingway bajo el brazo; en otro, supe que el conocimiento es una tarea sin fin. . .

Una vez a mi hermano, entonces un pibe, se le había ocurrido leer la Biblia. "Tenés que pedirle permiso a tu papá, porque tiene algunas partes pornográficas". Papá, que nunca la había leído, se sorprendió con la advertencia.

No había motivos para prohibir su lectura, pero si Luchi lo observaba. . . Había hacia Luchi cierta veneración y respeto. El propio Roberto Santoro, íntimo amigo, en un reportaje que le hizo y que quedó registrado, por momentos preguntaba con excesivo cuidado.

Era, por otra parte, complicado lograr una entrevista: su modestia -sincera, nunca falsa-, lo ubicaba en una situación incómoda cuando se sentía centro. Era orgulloso, sin embargo, de su trabajo de poeta y muy cuidadoso de sus publicaciones. He estado toda una tarde junto a él corrigiendo las pruebas de Fuera del margen y, me consta, tenía en claro cada verso, cada palabra.

Para la edición de Amores y poemas en Parque Chas, seleccionó y envió los poemas desde Barcelona, eligió el título, revisó las pruebas que le llegaron por correo y nos las reenvió a la semana siguiente con algunas aclaraciones ad hoc. Un modo de mostrarnos que en su elección por el ocio -ocio creador, se entiende-, había responsabilidad y respeto por la gente.

Por lo demás, es un error creer que Luchi se desentendía de las ediciones: en la medida de sus posibilidades, manteniendo un estilo "porteño por la sutileza", seguía de cerca el asunto. Sin dudas, faltó un agente literario que viera en sus escritos valiosa mercancía. No faltaron en cambio amigos -tenía a montones-, que valoraran su poesía.

Su primer libro, El obelisco y otros poemas, fue publicado porque el escritor Juan José Manauta, entonces director de Signo, se había entusiasmado con los poemas de Luchi, quien trabajaba como vendedor viajante para esa editorial. Desde la publicación de El obelisco..., en 1959, hasta Poemas y pinturas (1999), fueron 40 años dedicados a la poesía.

Trece libros aparecidos en la Argentina y cinco en España, además de los tres discos y el compact disc donde quedó registrada su voz, hablan de una producción vasta y muestran un universo poético donde absolutamente todo tiene cabida.

En su casa de Bauness y Bauness -Bauness entre Bauness y Atenas, para ser más precisa-, era fácil encontrar a Luchi durante el día, sentado en una habitación tapizada con libros del piso al techo, leyendo o escribiendo. Papá había ido a visitarlo una mañana y ahí estaba, muy concentrado en la lectura de una novela: -¡Hola, Luchi!, ¿qué está leyendo? -Los Karamazov.-¡Dostoievski!. Yo la leí hace mucho. . .-Yo la leí cinco veces. -¿Qué le parece? -¡Una porquería!

Los domingos a la mañana podía vérselo en la plaza (la placita del Trébol, por supuesto), hamacando a sus nietos. Por las noches había que buscarlo en algún bar de la avenida Corrientes o sus alrededores o en algún acto de homenaje a o de solidaridad con o en la presentación de algún libro -propio o ajeno-, o en una lectura de poemas o en la inauguración de una muestra o simplemente caminandopor ahí, recorriendo librerías o disfrutando de los colores y olores de Buenos Aires. Difícilmente anduviera solo.

Era habitué del bar Ramos -cuando el Ramos era el Ramos-, de El Estaño de Talcahuano y Corrientes -al que habían bautizado "El Gardelito"-, y del viejo Bachín, la cantina que estaba sobre Sarmiento, casi esquina Montevideo. Solía ir a La Paz, Los Pinos y La Academia, también.

En Parque Chas, tenía su "despacho" en el bar de Triunvirato y La Pampa. Le gustaban los bares a la vieja usanza y una de las cosas que más lo había tocado fue descubrir, en una de sus venidas a Buenos Aires, la impersonalidad que habían adquirido los boliches, todos iguales, con sus luces de neón y mesas de fórmica. Gran caminante, conocía Buenos Aires mejor que cualquier porteño y Barcelona mejor que cualquier catalán.

Ese andar observándolo todo, en sus mínimos detalles, le daba material para sus poemas. Su observación del habla popular, de las costumbres, de las pequeñas y grandes cosas de la vida, su percepción del alma humana y su conocimiento de la historia, lo colocaban en una situación de privilegio.

Cuando a fines de 1975 decidió irse a Barcelona, en barco,algunos amigos organizaron la cena de despedida en la cantina Chicho, de Plaza y Zárraga. Roberto Santoro, tras haber comido los tallarines y albóndigas de rigor, especialidad de la casa, se puso de pie, leyó un "discurso" optimista y le entregó obsequios preciosamente preparados para la ocasión: un boleto de tranvía y una bolita cachuza.

Nadie pensaba en el adiós, pero todos intuíamos -situación política mediante-, una larga ausencia.Contra todos los pronósticos, Luchi quedó anclado en Barcelona. Vino unas cuantas veces a Buenos Aires pero su idea de volver para siempre quedó incumplida. Tenía, eso sí, estrategias que irremediablemente lo traían al barrio. Repetía hasta el cansancio que el dedo de la estatua de Cristóbal Colón, erigida en el puerto de Barcelona, señalaba Parque Chas.

Siendo consciente, además, de la personalidad del barrio y como buen anarquista, la fundación de la República Independiente de Parque Chas se había transformado en un objetivo a corto plazo. Decía que sobre Pampa, "nuestro río navegable", debíamos anclar los barcos para defendernos de los ataques de Villa Urquiza. Había elaborado numerosas tácticas militares, envidia de los mejores estrategas, para sorprender al enemigo en esa especie de tela de araña, contándose entre las más eficaces la cita en Ávalos y Berlín. . .

Una noche, desde el balcón de su departamento de Victorica y Pampa, atalaya de la República, me señaló los puntos estratégicos para la ubicación de los francotiradores. Esa misma noche y en ese mismo balcón, me confesó la tristeza que le producía regresar a España. "¡Y justo ahora te ponés melancólico! . Pensá que vas a hacer un trámite y volvés", le dije. "¡Eso! -me respondió-. ¡Sí señor!. Voy a arreglar unos asuntos con mi notario y vuelvo".

La última vez que estuvo por estos pagos fue en 1995, cuando se presentó su libro Jardín Zoológico. En Barcelona fue siempre un porteño más. Nunca abandonó el mate ni la vida de boliches. Siguió escribiendo en español rioplatense (en Resumen del futuro publica "Vida rea", poema lunfardo que pocos catalanes habrán entendido). Siguió participando activamente de toda causa que considerara justa.

Allá -24 años no es poco-, se hizo su lugar (no muy diferente del de acá). Los poetas jóvenes lo respetaban y admiraban y prueba de esto es el homenaje que le hicieron en las Ramblas, hace algunos años. Tan desinteresado por ser centro de nada (no desagradecido, ¡cuidado!), el día que tenía que leer dejó los poemas en su casa y hubo que ir a buscarlos. Pero así era Luchi y por eso lo queríamos.

Haciéndole un corte de manga a las leyes de la naturaleza lo creíamos inmortal. Sabíamos de sus problemas cardíacos, de su fatiga, de su internación en el Hospital del Mar y de su resistencia a la internación. Sabíamos de sus años de alcohol y cigarrillo. Sabíamos muchas cosas pero la convicción de su inmortalidad era más fuerte.

Por eso, cuando el 21 de octubre de 2000 me llamaron paradecirme que había muerto, no pude más que despedirlo con un ¡Parque Chas libre o muerte!, en un esperanzado intento de confirmar que la República Independiente de Parque Chas seguía en pie.


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Barrios convertidos en literatura

A modo de homenaje por el “Día del Escritor”, que se celebra el 15 de junio, hacemos un repaso de los autores literarios que, vecinos o no, fueron influidos por nuestros barrios en parte de su obra. Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Leopoldo Marechal, Tomás Eloy Martínez y Mempo Giardinelli son algunas de esas plumas.

“Los viernes a la noche juegan al ajedrez a la vista y paciencia del público, en La Curva, de Alvarez Thomas y Donado...”. Lucio Bordenave, un empleado de banco dejado cesante y ahora relojero, lleva una apacible existencia en su casa del barrio porteño de Villa Urquiza. El texto anterior pertenece a una novela de Adolfo Bioy Casares, Dormir al sol, editada en 1973, tal vez uno de los mejores trabajos literarios del autor. Unos años atrás, en 1953, Bioy Casares había escrito su novela El sueño de los héroes, cuya acción se desenvuelve en varias oportunidades en Saavedra. Su protagonista, Emilio Gauna, vive en una casa frente al parque ovalado.

Leopoldo Marechal, uno de los más ilustres escritores nuestros, ubicó buena parte de su libro Adán Buenosayres (1948) en el barrio de Saavedra. Como relata Alberto Subiela, Marechal inventó en esas delirantes páginas una saga porteña que, si bien sobrevuela otros barrios, centra sus acciones principales en Saavedra. Allí narra el descenso al infierno de su protagonista y el astrólogo Schultze, quienes inician su viaje por Cacodelphia, la ciudad de la tribulación y el sufrimiento. El astrólogo Schultze es Xul Solar, visionario pintor, amigo de varios integrantes de la revista Martín Fierro y, especialmente, de Jorge Luis Borges.

El barrio de Saavedra también aparece en una obra de Leónidas Barletta, titulada La ciudad de un hombre, y en algunos textos de Cuadernos de infancia, de la escritora Norah Lange, vecina de Villa Urquiza. Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares evidenciaban, sin duda, una especial atracción por estos barrios, que en la época de sus relatos eran considerados como suburbios. En su obra Evaristo Carriego (1930) Borges escribe: “Yo no he sentido el liviano tiempo en Granada, a la sombra de torres cientos de veces más antiguas que las higueras, y sí en Pampa y Triunvirato: insípido lugar de tejas anglizantes ahora, hornos humosos de ladrillos hace tres años, de potreros caóticos hace cinco”. Como manifiesta Leonardo Killian, “lo único que le pareció digno de destacar en los años treinta del siglo XX a don Borges fueron los hornos que construían los ladrillos de lo que sería mi barrio y que poco tiempo antes habían sido ‘potreros caóticos’. Para ser el más genial de los escritores argentinos y sin duda uno de los más grandes de la lengua castellana, algo es algo”.

(Nota mia: ya en ese entonces la Av. Triunvirato se llamaba asi,pero anteriormente se llamaba como la que es su continuación,una de las mas importantes de la ciudad cortada tajantemente por la Estación Lacroze,tanto que parecen distintas...si,es la Av. Corrientes: no se fijaron que la linea "B" de subte está siguiendo sus trazados? Solo hace una curva despues de esa estación,con esa excepción la linea es casi una recta perfecta.
Los "hornos de ladrillos" fabricaban lo que despues sería material de construcción de las casas del futuro barrio de luego de los "potreros caóticos": Parque Chas...ultima palabra legado del apellido de la familia propietaria de las tierras que fueron loteadas y vendidas...podrían haber tenido un apellido mas piola no? A esta altura no da,pero hubiera sido bueno ponerle otro nombre al barrio.)

No obstante, Borges fue asiduo visitante de nuestros barrios. Acudía a las reuniones literarias en la casa de Norah Lange, en Tronador al 1700, y mantuvo una temprana relación amorosa con una niña vecina de Villa Urquiza. En su obra encontramos un poema titulado Ultimo sol en Villa Ortúzar y dos que llevan por título Villa Urquiza. Y habla en varias oportunidades de Parque Chas, aunque nunca se atrevió -él, que amaba los laberintos- a caminar por las calles de este barrio.

(Nota mia: esto no lo sabia de Borges...jajaja!!!)

La atracción de Parque Chas

Nombramos a Leonardo Killian (Buenos Aires, 1952), cuentista y profesor de historia, que ubica el cuento titulado Ilsa Lund en las cercanías de Parque Chas, en un bar de la avenida Triunvirato. Inés Fernández Moreno (Buenos Aires, 1947) proviene de familia de poetas y escritores. En un volumen titulado Cuentos de fútbol argentino, que editó Alfaguara, podemos leer uno que tituló Milagro en Parque Chas. El sitio ParqueChasWeb da cuenta de una comunicación con esta escritora, vecina del barrio. Dice Fernández Moreno: “El cuento lo escribí porque me lo sugirieron para la antología de Fontanarrosa. Yo de fútbol no sé nada. Es más, no me gusta el fútbol, me deprime escuchar de fondo dominguero los relatos. Sin embargo, me gustó como desafío. El cuento lo escribí en el Parque porque, además de ser vecina, siempre me gustaron los nombres de sus calles y su disposición misteriosa...”.

Esta zona tiene una abundante difusión: Alejandra Venturelli, vecina de Mataderos, también escribió un cuento, Gándara y Londres, donde refiere una historia que tiene al laberíntico barrio por protagonista geográfico, mientras que Eduardo Suárez, atraído por esa fantástica conjunción de calles circulares y esquinas que se diluyen en sus nombres, le dedicó un cuento llamado Laberinto urbano. En tanto, Plaza de mi barrio es una pieza poética de Cristina Suárez (Buenos Aires, 1948), que vivió su infancia en la calle Gándara entre Burela y Altolaguirre y se recibió de maestra en el Colegio Nuestra Señora del Huerto, de Villa Pueyrredón (1965). La poesía de referencia es un dulce recuerdo de su vida en la zona de su infancia.

Pero Parque Chas tiene su poeta propio: nos estamos refiriendo a Luis Luchi, seudónimo de Luis Yanischevsky, nacido en Villa Crespo el 11 de octubre de 1921 y que se mudó a Parque Chas cuando tenía apenas seis años de edad. Falleció allí el 31 de octubre de 2000 y su prestigiosa obra es un hito insoslayable en el barrio. No podemos olvidar a Tomás Eloy Martínez, escritor y periodista de fuste, que en el penúltimo capítulo de su libro El cantor de tango ubica la acción en el Parque Chas: “Las referencias eran inagotables y, si abría el volumen al azar, nunca tropezaba con la misma página, como sucede en El libro de arena -se refiere al de Jorge Luis Borges-, que Bonorino citaba con frecuencia. Una tarde, distraído, encontré un largo apartado sobre Parque Chas y mientras lo leía pensé que era tiempo de conocer el último barrio donde había cantado Martel”. Otro afamado escritor que compactó el misterio del barrio es Alejandro Dolina, en su libro Crónicas del Angel Gris.

Firmas de categoría

Una figura señera de la literatura nacional, Ricardo Molinari, nacido el 23 de marzo de 1898 y huérfano a los cinco años, se crió con su abuela materna en una antigua casa de Villa Urquiza. Su primer libro de poesías se tituló El imaginero. Le siguieron otros de delicada y portentosa lírica y algunos de ellos merecieron el reconocimiento de importantes premios literarios. Coghlan también guarda celosamente a un escritor de la talla de Mempo Giardinelli que, aunque nació en Resistencia, Chaco, el 2 de agosto de 1947, de vez en cuando vuelve a Buenos Aires, donde conserva un departamento lindero a la estación. Estuvo exiliado en México durante los años de plomo (1976-1984) y cuando regresó fundó la revista Puro Cuento (1986-1992) desde Coghlan. Su vasta obra ha sido traducida a veinte idiomas y recibió numerosos galardones literarios, entre ellos el premio Rómulo Gallegos. Su primer libro, Luna caliente, es prácticamente inhallable. Asimismo, escribió cuentos y en este caso particular debemos recordar su libro Estación Coghlan (2006).

Las calles de Coghlan fueron recorridas además por un porteño escritor, compositor y escritor: nos referimos a Julián Centeya, cuyo verdadero nombre era Amleto Enrique Vergiati, nacido en Parma (Italia) el 15 de octubre de 1910. Sus primeros pasos anduvieron por el barrio de Boedo, pero en un período de su vida habitó en Coghlan. Falleció el 26 de julio de 1974.

Ya El Barrio habló de un escritor lamentablemente perdido en la bruma del tiempo, Néstor Sánchez, cuyo primer libro Nosotros dos (1966) fue publicado por la recomendación que Julio Cortázar le hizo a la Editorial Sudamericana. Sánchez era oriundo de Villa Pueyrredón y publicó una segunda obra, Siberia Blues, con fuerte acento urquicense. Otras obras de este genial escritor fueron El amor, los orsinis y la muerte (1969), Cómico de la legua (1973) y La conexión efímera. Había nacido en 1935 y, luego de la publicación de sus obras, partió al extranjero y estuvo ausente muchos años. Regresó a Buenos Aires y a su casa del barrio, donde murió en 2003. Por su parte Norah Lange, escritora villurca, deja ver la influencia del barrio en dos de sus obras: Personas en la sala y Cuadernos de infancia, donde podemos gustar de la fina prosa de alguien que no ha tenido aún el homenaje que se merece.

Escritores “históricos”

Claro está que no es posible dejar en el tintero a los historiadores de nuestros barrios, escritores también ellos. En mi caso particular recuerdo un hermoso libro de Luis Alposta titulado Geografía íntima de Villa Urquiza. Pienso que todos los vecinos del barrio deben tener esta obra como “libro de cabecera”. Sobre Villa Urquiza tenemos otro excelente historiador, Diego Del Pino, que escribió varios libros sobre los barrios de Buenos Aires. Es justo aquí recordar El barrio de Villa Urquiza (1974), que publicó la ex Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, y la edición más completa de Villa Urquiza. Barrio centenario (1987) que editó Marymar.

Asimismo, no debemos olvidar los libros pioneros de Héctor Arata, Villa Urquiza. Sus primeros cien años (1987); Manuel Enrique Pereda, Nuestra querida Villa Pueyrredón. Narraciones de nuestro barrio y la ciudad (1985); Alfredo Noceti, con la colaboración de Emilio Bence, Coghlan. Una estación, un barrio (2000); y el querible libro de Eduardo Pombo acerca de Saavedra, titulado justamente Saavedra. Un barrio y un tiempo añorados (1992).

(Nota mia: tengo un cariño entrañable por Saavedra: es mi segundo barrio,el de mi madre,Villa Urquiza está entre Pque Chas y Saavedra, y Belgrano,Chacarita y Villa del Parque estan cerca.)

Tal vez algo o mucho se nos ha quedado en la penumbra de un involuntario olvido. De cualquier manera, con este trabajo hemos querido ofrecer nuestro homenaje al “Día del Escritor”, que se celebra el 15 de junio.

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Pedro Gaeta, artista plástico de Parque Chas

“Donde mueren las palabras nace la pintura”

Nació en el laberíntico barrio en 1930. Estudió en la Escuela Nacional de Bellas Artes y en la década del 70 emigró a Europa. El descubrimiento de los países socialistas. Su vida en París. La noche y las mujeres. Este personaje de Buenos Aires, declarado Personalidad Destacada de la Cultura por la Legislatura porteña, nos cuenta su apasionante historia.

Las puertas del Taller de Arte “Expresión”, que dirige Pedro Gaeta, siempre están abiertas. Detrás de un atril pinta, todavía hoy con 76 años, este habitante singular de Parque Chas, mientras espera el momento para contarnos su vida. Nació en el barrio de las calles circulares en 1930. Su ascendente familiar ya garantizaba un camino por el linaje artístico. Pedro lo siguió sin mirar atrás.

De su infancia recuerda los paseos por la avenida Triunvirato, hasta la Plaza Echeverría. Todo era nuevo para él y él lo quiso todo. Sus lugares favoritos eran los cines Parque Chas y 25 de Mayo. “De pequeños jugábamos al balero o a la bolita. Con un par de años más hicimos las fechorías que realizan los chicos de todas las épocas”, comenta. Luego, su pasión se vinculó con las letras. Los libros lo acompañaban en cada momento. Algunos poemas fueron brotando de su mente. Hoy, mucho tiempo después, tomaron forma y fueron publicados bajo un nombre, De los primeros amores, “que no es sólo de señoritas sino también de paisajes, lugares, experiencias”, aclara.

La noche fue su compañera temprana y Pedro le escribió uno y mil versos: Estoy en la noche y escribo mañanas. / Solo. / Masticando estrellas en mi garganta que de tu frente nacerán un día con mi beso. / Estoy en la noche y escribo mañanas. / Como el otoño, / descubro jardines como sepulcros / donde duermen centinelas flores negras. / Sola. / Ayer jugabas a tu corazón / con tus quince años / colgados de las llaves del destino. / Estoy en la noche y escribo mañanas. / Eternamente solos. Sin embargo, la pintura fue ganándose un lugar en su vida. De esta manera, con decisión Pedro se encaminó hacia la Escuela Nacional de Bellas Artes, donde pudo materializar su aspiración. Con pinceladas de talento dibujó su destino, más tarde culminado en talleres dirigidos por maestros como Alfredo Gramajo Gutiérrez, Onofrio Pacenza y Juan Batlle Planas.

Junto a varios amigos, luego de cursar sus estudios, Gaeta iba a los bares de la calle Corrientes, donde conoció a artistas de la talla de Raúl González Tuñón, escritor y periodista, y al poeta Oliverio Girondo.

Artista peregrino

Eran los años 70. Las décadas difíciles estaban por llegar; Pedro encaminó su vida y los pinceles hacia Europa. Primero Polonia, Rusia, Alemania y, por último, su gran sueño: París, Francia. “A Polonia viajé por una beca al Congreso Mundial de la Paz. Estuve seis meses viviendo en los países socialistas. Pude descubrir una sociedad muy organizada. Sus habitantes tenían la posibilidad de estudiar. El estado otorgaba planes de salud. No había pobres como acá. El único problema consistía en la gran burocracia, que complicaba ciertas situaciones”, comenta el pintor. Como en los textos de Franz Kafka, Pedro Gaeta se vio envuelto en situaciones complejas que lo hicieron cambiar de residencia: viajó a la ex Unión Soviética, Alemania Oriental y, posteriormente, el ansia se hizo realidad. Había llegado a la Ciudad Luz.

París conquistó a Pedro y Pedro deslumbró a París. Comenzó a pintar, a vender cuadros, a cosechar amigos. Con lágrimas en los ojos Gaeta recuerda: “Cada vez que voy a París se juntan mis amigos y cada uno de ellos ofrece la llave de su casa para que yo elija donde quedarme”. De Francia volvió en 1981 con las valijas llenas de recuerdos y una enamorada parisina, llamada Annick. Aquí comenzaba a aclarar el clima político. Pero la joven francesa, al poco tiempo, decidió regresar a su patria asustada por la inflación extrema que se vivía por aquel tiempo en la Argentina.

Con muchos años de experiencia en el arte, Pedro fue dos veces presidente de la Sociedad Argentina de Artistas Plásticos (SAAP). Actualmente está al frente de la entidad, hasta que una nueva elección lo suceda en la continuidad de la organización. Cabe aclarar que a fines de 2004 fue declarado Personalidad Destacada de la Cultura por la Legislatura porteña.

El tango y el rock

Pedro Gaeta ha realizado una gran cantidad de obras basadas en el tango. Sirve de ejemplo El bandoneonista, una pintura excepcional donde demostró todas sus condiciones. Debido a ese cuadro y a muchos más de la misma índole, Pedro fue catalogado como un pintor de temas tangueros. Aunque, lejos de ello, el artista manifiesta: “Yo no soy el pintor de tangos, como la gente me conoce ni tampoco el artista que retrata a la mujer y, sin embargo, en mi obra aparecen las mujeres. Lo que sucede es que allá por 1945 el tango era una pasión, como ahora lo es el rock para los pibes. Por eso, en esa época, me gustaba el tango y hoy adhiero al rock, no negando al tango”.

Pedro recuerda su amistad con Astor Piazzolla, al que considera el máximo exponente en el género musical. En cuanto a la pintura, admira la obra general de Carlos Alonso y León Ferrari, entre los argentinos. “No sólo son grandes artistas sino también excelentes personas. Aparte tienen la modestia de los talentosos. El pintor tiene que estar detrás de su obra”, dice Gaeta.

-¿Qué significa la mujer en su obra?

-La vida tiene cuerpo de mujer -define Pedro, quien tiene una gran cantidad de pinturas dedicadas a este tópico particular.

En una de las paredes del Taller de Arte “Expresión” un cartel reza: “Donde mueren las palabras nace la pintura”.

-¿A quién pertenece esa frase?

-Es mía. Sabés lo que pasa, a veces los alumnos comienzan a charlar, se distraen. En la pintura hace falta concentración e inspiración y para llegar a conseguirlas el único camino es el silencio.

Experiencia, sabiduría, arte. Todo eso define a Pedro Gaeta, un pintor único.

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