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viernes, 25 de junio de 2010

MOFFAT Y ZITO LEMA RECUERDAN A PICHON


MOFFAT Y ZITO LEMA RECUERDAN A PICHON (tomó nota Alejandro Simonetti) de Psicosocial San Isidro
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APUNTES DE UNA CHARLA DE ALFREDO MOFFAT Y VICENTE ZITO LEMA SOBRE PICHON,
ESCUCHADA EL VIERNES 15 DE FEBRERO DEL 2002 EN LA UNIVERSIDAD DE LAS MADRES.

ZL: “En el Borda del setenta se veían los efectos del alcohol y se oía tango. En el Borda del 2000, se ven los efectos de las drogas”.

AM: “Enrique era de apoyar a los que creaban”.

“Enrique creaba un clima de no paranoia. Creo que no se lo veía amenazante, porque andaba siempre medio en pedo”.

ZL: “No llegan a quince los poemas que escribió y conozco”.

AM: “Era reiterativo sobre la muerte, siempre en relación con la vida, porque no se puede saber nada de la vida si no se sabe nada de la muerte, como no se podría saber qué es el día si no se conociera la noche”.

“Íbamos a una cantina que se llamaba La Albóndiga Embarazada. Tomaba ginebra con cerveza, porque era médico y sabía que el alcohol deshidrataba”.

“Era un dandy lautreamontiano, se vestía medio raro... Vos vas con mala ropa a la calle y ves cosas que, con buena ropa, no ves... Te hablan de manera distinta según la ropa que tenés...”

“Había tomado mucha ginebra y se cayó dormido con la cara en los tallarines. Le digo al mozo: “Es que el profesor está cansado porque dio muchas clases”... El mozo era guaraní, Pichon lo miró y le preguntó por la madre: la madre se le había muerto hacía muy poco. Pichon le dijo algo en guaraní que no entendí. Yo creo que le dijo que su madre estaba con él”.

“A veces digo cosas que no sé si las dijo Pichon o se me ocurrieron a mí, pero está bien, porque así Pichon sigue vivo”.

“Le decía a un paciente: veo a dos y los dos están peleados, a ver si se pueden arreglar”...

“Pegaba fuerte, te rompía, pero después te pegaba y quedabas mejor. Te pegaba con bonhomía”.

“Enrique decía que hay que ir a la casa de los pacientes. Hay que entrar medio como boludo, porque así bajan las defensas y ocultan menos. Hay que mostrarse incompleto, hay que pedir para ir al baño. En el baño, Enrique se enteraba por el botiquín de qué remedios tomaban y otras cosas que no se pueden ocultar como cuanto uno cuenta... Decía: hay que mirar al perro: el perro dice cómo es la familia. Si te gruñe y cuando te movés te sigue con los ojos sin moverse, la familia es paranoica, están siempre pensando que los van a joder: si el perro está tirado como un trapo, la familia es melancólica; si es un perro que se te sube encima y tenés que decirle “salí, asqueroso”, la familia es histérica, el perro está erotizado; si el perro está echado con las patas en posiciones extrañas, la familia es esquizofrénica, el perro no sabe donde están las partes de su cuerpo; si ladra un poco, te huele, bosteza y se va, está trabajando de perro o tiene un poco de todas las cosas anteriores, la familia es normal, anda bien”.

“Decía que todas las familias tienen algún secreto, que en general es siniestro: algún incesto, real o no, algún asesinato, real o no, algún suicidio, real o no... Decían que el problema es que los que se casan conviven y cogen. Habría que prohibirles una cosa o la otra: o conviven o cogen, porque en la relación sexual no hay tercero, no hay cultura, no hay espejo, es fácil que se dé una psicosis simbiótica... Y siempre tienen un mito familiar que tapa el secreto familiar”...

“A mí en Estados Unidos me decían Doctor Moffat, porque como iba a los manicomios y curaba, era psiquiatra: allá, el que lo hace, lo es. Acá tenés que ser. Que hagas, que cures, no tiene ninguna importancia, tenés que ser médico, ser psicólogo”.

“Enrique decía: Qué parajoda, che”...

“Tenía la habilidad de estar inventando siempre soluciones que no se habían pensado hasta ahora, alternativas. Esa habilidad la heredó Fiasché”.

“Me dijo que, mientras no escribía, lo necesitaban y él era melancólico: necesitaba que lo necesitaran, para que no lo dejaran solo”.

“Decía que había que tener la astucia del almacenero, que tiene olfato y huele a quién le puede fiar y a quién no”.

“Enrique era un creador de climas: armaba una situación en la que era posible tenerle confianza”.

Se llevaba bien con los marginales. Había trabajado en Crítica con Roberto Arlt y ahí se familiarizó con el mundo marginal. El marginal tiene una sensibilidad muy fina para saber con quién está: si un pibe de la calle entra acá, en seguida se da cuenta de quién es el más gil para afanarlo”.

“Como Discépolo había sido su paciente y habían hablado mucho de sus tangos, me contaba la clave de cada tango: me decía que “Uno” es sobre la segunda presidencia de Yrigoyen: la fractura que sufrieron los yrigoyenistas cuando pasó los de los fusilamientos de la Patagonia, la Semana Trágica, la desilusión de Yrigoyen: si yo tuviera el corazón que di, podría entusiasmarme con la cosa nueva que aparecía con Perón”...

“Cuando yo le dije que lo veía como a mi padre y el me dijo que quería ser hijo mío, creo que me quiso decir: “crecé”.

“El doce de enero cumplí sesenta y ocho años, dentro de poco voy a tener la edad de Pichos cuando murió y estoy empezando a entender muchas cosas que me decía cuando tenía la edad que tengo ahora, lo veo más como un hermano”...

“Era seductor, pero como antiseductor, como antihéroe, haciéndose el otario”...

“Ya no le siento el gusto al vino, me decía al final...Estaba entubado arriba y abajo...”.

“Cuando cumplió setenta levantaba los brazos y decía: “vuelvo cuando cumpla ochenta”, pero él sabía que no”...

“Yo tengo los huesos de mi mamá, en un estante sobre la cama. Los de mi papá los tengo abajo, todavía no les encontré un cofre... Creo que es ilegal”... ZL: “Cuando te visitan es una visita familiar”...

“Me llamó Ana, cuando se murió, había que desvestirlo, tenía un pulóver muy lindo y yo lo quería cortar: le decía “aflojá, Enrique, no vamos a estropear este pulóver”, pero era terco, no dio el brazo a torcer: hubo que cortar el pulóver... La gente no se muere en seguida, cuando se muere: siguen viviendo, en los que se quedan, algunos no terminan de morirse nunca...”.

“Andaba siempre con una navaja, tipo sevillana, a lo compadrito”.

“Les dije a los de Lázaro Costa: “cuídenlo, muchachos, se llevan al Perón de la psiquiatría: mañana lean los diarios”... La Opinión, de Timerman, le sacó un artículo central”...

“Me dijo: “¿sabés cómo hago para calcular cuánto cobro: sumo todo lo que tengo que gastar para vivir y cuántas horas puedo trabajar: divido y me da cuánto cobro la hora”...

“Yo creo que atendí como a cincuenta mil personas, incluidos los crotos del Félix Lora, todos los de El Bancadero, etc.: espero que cuando esté viejo, alguno de todos esos me cuide: esa es mi jubilación: cuando pase, me daré cuenta si me equivoqué o no”.

“A los sesenta le hicieron un homenaje en el Savoy: “¿te das cuenta dónde me hacen el homenaje?, me dijo (era el lugar de los radicales, que en ese tiempo eran los que no cambiaban nada y ahora también). Estaba la plana mayor de la psiquiatría, el gordo Estévez, que era milico, cuando era autoridad de salud bancó la Comunidad de Camino, la peña Carlos Gardel y después tuvo un centro clandestino de tortura en el Posadas y gente de los servicios, fachos... Pichon se puso a contar delante de todos la experiencia con los enfermeros del Borda, cuando los de la Alianza Libertadora lo querían usar y lo acusaban de fomentar la homosexualidad en los pacientes le tiraban por ahí preservativos usados, con semen (“mirá que finos mis pacientes, cogen con forro”...) y se puso a delirar con que le tiraban forros inflados, cada vez más grandes, como el Zepelín...Y estábamos en tiempo de Onganía”...

“Llamaba a los de la A.P.A los cafishios de la angustia... Especialmente estaba enojado con Goldenberg, que le hizo un diagnóstico de demencia senil, cuando lo internaron y era imposible porque la demencia senil es irreversible y él salío y trabajó y dio clases muchos años”...

“Cuando vino Jacobo Moreno a la Argentina, Enrique llegó tarde y lo fue a saludar ladrándole como un perrito delante de todos los próceres de la psiquiatría, lo que cayó muy mal pero a Moreno lo divirtió mucho. Moreno no dramatizaba que era Dios Padre, estaba convencido de que lo era, era parafrénico”...

“Casarse enamorado es casarse en hipnosis, es un peligro... Pero es una trampa de la naturaleza para que no se acabe la especie. Como el hambre, para que uno no se muera”...

“Maité se llamaba el Jardín de Infantes donde funcionaba la primera escuela de Psicología Social”.

“Me llevaba al fondo del loquero y allí los locos contaban cosas que en los servicios de psiquiatría no contaban... “Si les cuento un delirio que a ellos les gusta, me dan más cigarrillos”...

“No tuve ninguna hija”, me decía: no sabía que tampoco te dan bola”...

“Él no escribía porque necesitaba hablar”.

“Para el amor era medio esquizo... Más bien tenía un cariño por lo humano como era, con lo lindo y lo feo”.

Pregunta a AM: ¿vos pensás que Pichon se creía mucho el psicoanálisis y el marxismo?.
AM: “El psicoanálisis más. El marxismo no tanto”...
Pregunta a ZL: ¿vos pensás que Pichon se creía mucho el psicoanálisis y el marxismo?.
ZM: “El marxismo más. El psicoanálisis no tanto”...

ZL: “Estoy escribiendo una biografía de Pichon, ya tengo más o menos la mitad del libro... Hice muchísimos entrevistas a parientes, amigos, compañeros de trabajo, alumnos... Hablé mucho con su hermana, que está viva y tiene ochenta años... Y cada uno con el que hablo me cuenta de un Pichon totalmente distinto al Pichon de lo otros... Me parece que Pichon era como un caleidoscopio: cada uno veía un Pichon distinto... y yo creo que era por una actitud básica de Pichon, que era centrarse en las necesidades y la manera de ser del interlocutor. A cierta altura de su vida, su lema era no crearse nuevos enemigos: se ponía totalmente en el lugar del otro, se pegaba al otro como en las artes marciales, para unirse a su fuerza y transformarla desde adentro.... Podía hablar largamente sobre un tema que era el tema del otro y él lo profundizaba como si fuera su tema central... Adivinaba desde qué posición venía el otro y lo acompañaba desde ahí, desde el arte, desde la locura, desde la política y el otro creía que Pichon era sólo eso...Por eso, cuando le hablaban de otro Pichon, no lo podía creer. Conmigo, el tema era el materialismo dialéctico y el socialismo. Me decía que estaba orgulloso de haber fundado el Partido Socialista en Corrientes. El reproche más grande que le hacía a su madre era haberle hecho prometer que no haría una militancia política más fuerte”.

“En ese tiempo, Enrique no hacía terapia, no tenía terapeuta y me tomó por oreja, cosa a la que yo me resistía mucho. Una vez por semana tenía que oírlo todo durante cincuenta minutos. Todos esos cuadernos donde tengo las anotaciones de esas charlas no los voy a publicar nunca, éticamente no los puedo publicar. Eso me lo llevo a la tumba. Pero su verdad total no la puso en nadie. Él se ponía en contacto con el material del otro, se conectaba con sus necesidades. Con cada uno agotaba un tema. Ana tenía un Pichon, Ulloa otro, Fiasché otro. En Goya me puse en contacto con sus amigos de allá, varios médicos, con esa manera de hablar cruda de los médicos, contaban cosas muy fuertes desde la joda, en una comida en que estaba su hermana, que estaba vestida, con un calor terrible, con un vestido de seda hasta el cuello y cuando estaban contando esas cosas, se levantó y, con sus ochenta años, dijo “perdonen pero yo me voy, no puedo escuchar más historias de mi hermano que yo nunca imaginé, nunca imaginé que existía un Énriquito así”. Ella conocía al Enriquito que tenía mil delicadezas con su hermanita menor. En cambio para los amigos era el jodón por excelencia. Tenía un lugar reservado en Mau Mau. Alfredo hablaba de vino y tallarines. Conmigo sólo tomaba champán. Una vez, cuando al final le hice caso y acepté irme del país, en 1977, me preguntó cómo andaba de plata, a ver si tomábamos champán, nos tomamos como veinte botellas de champán y al día siguiente yo me iba. Helado y champán tomaba. Helado por el cáncer de laringe. Se burlaba de mi aversión a los prostíbulos. Yo soy marxista pero marxista cristiano, educado por los jesuitas. Entonces estaba contra los prostíbulos por una cosas, después tomaba la misma posición desde la política. Él decía “ya empezó el pesado”. De prostíbulos hablaba con Fiasché.

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