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viernes, 3 de octubre de 2014

Tres portugueses bajo un paraguas - cuento

1
El primer portugués era
alto y flaco.
El segundo portugués era
bajo y gordo.
El tercer portugués era
mediano.
El cuarto portugués estaba
muerto.
2
- ¿Quién fue?- preguntó el
comisario Jiménez.
- Yo no - dijo el primer
portugués.
- Yo tampoco - dijo el
segundo portugués.
- Yo menos - dijo el tercer
portugués.
3
Daniel Hernández puso los
cuatro sombreros sobre el
escritorio.
El sombrero del primer
portugués estaba mojado
adelante.
El sombrero del segundo
portugués estaba seco en
el medio.
El sombrero del tercer
portugués estaba mojado
adelante.
El sombrero del cuarto
portugués estaba todo
mojado.
4
- ¿Qué hacían en esa
esquina? - preguntó el
comisario Jiménez.
- Esperábamos un taxi -
dijo el primer portugués.
- Llovía muchísimo - dijo
el segundo portugués.
- ¡Cómo llovía! - dijo el
tercer portugués.
El cuarto portugués
dormía la muerte dentro
de su grueso sobretodo.
5
- ¿Quién vio lo que pasó? -
preguntó Daniel
Hernández.
- Yo miraba hacia el norte
- dijo el primer portugués.
- Yo miraba hacia el este -
dijo el segundo portugués.
- Yo miraba hacia el sur -
dijo el tercer portugués.
El cuarto portugués estaba
muerto. Murió mirando
hacia el oeste.
6
- ¿Quién tenía el paraguas?
- preguntó el comisario
Jiménez.
- Yo tampoco - dijo el
primer portugués.
- Yo soy bajo y gordo -
dijo el segundo portugués.
- El paraguas era chico -
dijo el tercer portugués.
El cuarto portugués no
dijo nada. Tenía una bala
en la nuca.
7
- ¿Quién oyó el tiro? -
preguntó Daniel
Hernández.
- Yo soy corto de vista -
dijo el primer portugués.
- La noche era oscura -
dijo el segundo portugués.
- Tronaba y tronaba - dijo
el tercer portugués.
El cuarto portugués estaba
borracho de muerte.
8
- ¿Cuándo vieron al
muerto? - preguntó el
comisario Jiménez.
- Cuando acabó de llover -
dijo el primer portugués.
- Cuando acabó de tronar -
dijo el segundo portugués.
- Cuando acabó de morir -
dijo el tercer portugués.
Cuando acabó de morir.
9
- ¿Qué hicieron entonces?
- preguntó Daniel
Hernández.
- Yo me saqué el sombrero
- dijo el primer portugués.
- Yo me descubrí - dijo el
segundo portugués.
- Mis homenajes al muerto
- dijo el tercer portugués.
Los cuatro sombreros
sobre la mesa.
10
- Entonces, ¿qué hicieron?
- preguntó el comisario
Jiménez.
- Uno maldijo la suerte -
dijo el primer portugués.
- Uno cerró el paraguas -
dijo el segundo portugués.
- Uno nos trajo corriendo -
dijo el tercer portugués.
El muerto estaba muerto.
11
- Usted lo mató - dijo
Daniel Hernández.
- ¿Yo, señor? - preguntó el
primer portugués.
- No, señor - dijo Daniel
Hernández.
- ¿Yo, señor? - preguntó el
segundo portugués.
- Sí, señor - dijo Daniel
Hernández.
12
- Uno mató, uno murió,
los otros dos no vieron
nada - dijo Daniel
Hernández. - Uno miraba
al norte, otro al este, otro
al sur, el muerto al oeste.
Habían convenido en
vigilar cada uno una
bocacalle distinta, para
tener más posibilidades de
descubrir un taxímetro en
una noche tormentosa.
"El paraguas era chico y
ustedes eran cuatro.
Mientras esperaban, la
lluvia les mojó la parte
delantera del sombrero.
"El que miraba al norte y
el que miraba al sur no
tenían que darse vuelta
para matar al que miraba
al oeste. Les bastaba
mover el brazo izquierdo o
derecho a un costado. El
que miraba al este, en
cambio, tenía que darse
vuelta del todo, porque
estaba de espaldas a la
víctima. Pero al darse
vuelta se le mojó la parte
de atrás del sombrero. Su
sombrero está seco en el
medio; es decir, mojado
adelante y atrás. Los otros
dos sombreros se mojaron
solamente adelante,
porque cuando sus dueños
se dieron vuelta para
mirar el cadáver, había
dejado de llover. Y el
sombrero del muerto se
mojó por completo por el
pavimento húmedo.
"El asesino utilizó un arma
de muy reducido calibre,
un matagatos de esos con
que juegan los chicos o
que llevan algunas
mujeres en sus carteras.
La detonación se
confundió con los truenos
(esta noche hubo tormenta
eléctrica particularmente
intensa). Pero el segundo
portugués tuvo que
localizar en la oscuridad el
único punto realmente
vulnerable a un arma tan
pequeña: la nuca de su
víctima, entre el grueso
sobretodo y el engañoso
sombrero. En esos pocos
segundos, el fuerte
chaparrón le empapó la
parte posterior del
sombrero. El suyo es el
único que presenta esa
particularidad. Por lo
tanto es el culpable."
El primero portugués se
fue a su casa. Al segundo
no lo dejaron. El tercero
se llevó el paraguas. El
cuarto portugués estaba
muerto."


"Tres portugueses bajo un paraguas"
Rodolfo Walsh







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